Uno de las llamadas mas difíciles que hice en mi vida fue cuando llamé a mi padre para decirle que tenía cáncer de próstata. Fue en mayo de 2006. Los dos estábamos asustados y ansiosos acerca de la mejor manera de tratarlo. Además, 9,000 millas que nos separan no ayudó con hacer las decisiones. Como era residente de urología en mi país, sentí que tenía que investigar todas las opciones de tratamiento ampliamente.